Los caballos construyen vínculos sólidos y duraderos entre ellos, que se sostienen a través del tiempo y la distancia, incluso de por vida, porque suponen los verdaderos cimientos que soportan la manada…

La manada es una estructura social; que después de 65 millones de años, sigue siendo eficaz a día de hoy; dando función, lugar y protección a cada individuo. Y enseñando normas de conducta y comportamiento enfocadas a la unión, el bienestar y la supervivencia, donde cada individuo tiene una función y aporta construyendo una estructura estable y sostenible; tejida por los fuertes vínculos entre sus integrantes, indiferentes a la consanguinidad, únicamente basados en la confianza; la base de todas las relaciones.

Los caballos son capaces de establecer vínculos igual de sólidos y duraderos con los seres humanos, considerándolos de su manada; porque aceptan «al otro» tal como es, y no tienen capacidad de juzgar…

El vínculo con los caballos, permite a las personas trabajar nuestro propio «yo», alejándonos del ego, derribando corazas y máscaras. Y mostrándonos tal como somos, dado que el caballo es experto en leer nuestro lenguaje no verbal (como el de cualquier depredador); pues de ello depende su supervivencia como presa.

El caballo siempre tiene una respuesta inmediata al lenguaje no verbal, porque; para los caballos, «somos lo que hacemos» (incluso cuando no hacemos nada).

Esta es una clave para el crecimiento personal que nos permite trabajar desde un plano exterior, visto por los ojos de un compañero que no nos juzga, y nos puede ver tal como somos.

Construir un vínculo con el caballo, es construir un vínculo con nosotr@s mism@s…

Estamos al otro lado del espejo…

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